24/10/03

Dra. Guadalupe Muñoz Álvarez (España)

Huida del jurado

Dra. Guadalupe Muñoz Álvarez
Correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación

Extractos:

Las personas que van a formar el Jurado, después de prestar juramento o promesa, tienen que seguir el juicio oral, con la participación de la prueba que la Ley prevé para llegar a la elaboración del veredicto que terminará en la votación reflejada en el acta redactada por el secretario o un oficial que le auxilie, si lo autoriza el Magistrado-Presidente.

El veredicto no es pues una mera declaración de culpabilidad o inculpabilidad. Es mucho más, debe dar respuesta a las cuestiones que se proponen como materia de deliberación y objeto de decisión. Han de declarar probado o no probado el hecho justiciable que se haya determinado como tal, así como aquellos otros hechos que deban incluirse en su veredicto y no impliquen variación sustancial de aquél. Es decir, la declaración de culpabilidad o no-culpabilidd descansa en el convencimiento de los jurados acerca de la conducta del acusado que consideran probada y debe ser merecedora o no del reproche en el orden penal.

Para emitir esta importante resolución, que afecta a los bienes y a la libertad de las personas, los requisitos exigidos para ser miembros del Jurado son mínimos: tener dieciocho años, saber leer y escribir, no estar incapacitado física, psíquica o sensorialmente para el ejercicio de la función, es decir, se sustituye a un profesional técnicamente preparado por un lego en materia jurídica, de corta edad, que no tiene estudios y ha de resolver con método analítico los complicados problemas que el Derecho requiere. Con tan poco bagaje deciden sobre graves delitos.

En nuestro país, a causa de varios veredictos erróneos que se han aireado quizá excesivamente, no parece haber demasiada simpatía social por el Jurado puro. Por ello muchos son los juristas que propugnan la figura del escabinado o jurado mixto, formado por ciudadanos y jueces que evitaría seguramente «la soledad que deben sentir los miembros del Jurado cuando hayan de explicar las razones en que han fundado su decisión».

El Consejo General del Poder Judicial publicó un informe en mayo de 1998 sobre la experiencia del Jurado. En él se decía que en más de la mitad de las causas examinadas hasta ese momento, la motivación de las decisiones del Tribunal del Jurado era, en realidad, inexistente o cuando menos, manifiestamente insuficiente y se hablaba de una «huida del Jurado» que se hace patente en los acuerdos de «conformidad de las partes» y la proliferación de los recursos presentados. Buscan con ello los encausados quedar extramuros de la lista de delitos sobre los que el Jurado tiene competencia. Es decir, los justiciables, en general, prefieren un tribunal de especialistas.

Enlace: Versión On Line

Dra. Guadalupe Muñoz Álvarez
Academia de Jurisprudencia y Legislación

Diario ABC - España
¿Jurado o magistrados profesionales?
24 de octubre de 2003

1/10/03

Dr. Bernardo Del Rosal y Blasco (España)

Reflexiones sobre la justicia y el jurado

Bernardo Del Rosal y Blasco

Extractos:

La exculpación de Dolores Vázquez por los cargos judiciales que pesaban sobre ella como presunta autora del asesinato de Rocío Wanninkhof ha suscitado, una vez más, el debate sobre la validez del sistema de juicio por jurados en nuestro Derecho.

Desde su implantación formal en España, que data de la ley de imprenta de 1820, el jurado ha sido una institución permanentemente sometida a controversia. En nuestra historia legal y constitucional, su defensa ha estado siempre asociada al pensamiento liberal o progresista y su detracción a posiciones conservadoras o autoritarias, de modo que unos y otros hacían bandera de ello y procedían a su proclamación legal o a su derogación tan pronto ocupaban el poder.

Al convertirse el jurado en objeto central de apasionados debates políticos, la discusión en torno a su validez como pieza fundamental del sistema de justicia criminal muy pocas veces ha discurrido por el terreno de lo racional. Si uno repasa las hemerotecas y los diarios de sesiones de las Cortes, pocas veces, defensores o detractores, han utilizado argumentos que tengan que ver con una serena observación de la realidad.

Muchas de las cosas que hoy se escuchan de la boca de jueces, fiscales, abogados, juristas, periodistas o analistas políticos se escucharon, casi de forma idéntica, hace más de 70 años cuando, en 1926, se puso de manifiesto el error judicial cometido en el "caso Grimaldos", más conocido como "Crimen de Cuenca". 

Asociar la defensa del jurado al pensamiento progresista y viceversa es errático. Porque igual que, en su momento, el ilustre penalista Luis Jiménez de Asúa pudo decir que el error del "caso Grimaldos" había que atribuirlo al apasionamiento de un pueblo vengativo y a los tormentos empleados para el logro de la confesión de los inocentes, hoy, en términos no muy diferentes, debemos decir que el error en el caso Vázquez hay que atribuirlo al apasionamiento de una opinión pública vengativa y a la enorme presión ejercida sobre los investigadores policiales y judiciales para convertir en pruebas lo que no eran tales.

Pero no es cierto que el pensamiento progresista siempre haya defendido la existencia del jurado. Jiménez de Asúa, político y catedrático de Derecho Penal de profundas convicciones republicanas y democráticas, diputado socialista en la II República española, presidente de las Cortes republicanas en el exilio e incansable opositor a regímenes dictatoriales en España (Primo de Rivera y Franco) y Argentina (Onganía), se manifestó, en no pocas ocasiones, en contra del jurado, institución a la que consideraba no defendible a la vista de la evolución de las concepciones jurídicas y de la necesidad de la existencia, en las sociedades modernas, de una justicia más técnica y basada en un análisis lógico de los indicios y las pruebas.

Hay que reconocer que el jurado es una institución que se adapta mejor a la Justicia de una sociedad más primaria, menos compleja que la actual, de ahí que su importancia en los sistemas judiciales, por ejemplo, del Reino Unido o de Estados Unidos sea mucho menor de lo que la televisión nos puede hacer creer, hasta el punto de que el jurado es una institución en cierto retroceso.


Dr. Bernardo Del Rosal y Blasco
Catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Alicante y Síndico de Greuges de la Comunidad Valenciana.

El País - España
1 de octubre de 2003

30/9/03

Enrique Arrieta Silva (México)

El jurado popular en México

Dr. Enrique Arrieta Silva

Extractos:

En resumidas cuentas: ¿será recomendable o no el jurado popular a la altura de nuestros tiempos? Pienso que no. El jurado popular podrá ser todo lo democrático que se piense y que se quiera, en cuanto participan elementos del pueblo en la administración de justicia y en cuanto el enjuiciado es juzgado por sus pares o iguales, pero no es muy jurídico por la sencilla razón de que quienes integran el jurado no tienen conocimientos jurídicos para poder apreciar las pruebas y los argumentos sobre la culpabilidad o inocencia del sometido a juicio, pues para ello no basta el sentido común, que además como dicho está no es muy común, sino que hacen falta largos años de estudio y entrenamiento en escuela y facultades de Derecho, así como en el gabinete profesional y tribunales.

Al jurado popular bien se le puede decir lo que le dijo Eduardo Coke, Justicia Mayor del reino a Jacobo I, rey de Inglaterra, quien pretendía poder juzgar personalmente en cualquier causa, porque consideraba que la ley se basaba en la razón y él poseía tanta razón como los jueces: “Los casos que atañen a la vida, a la herencia, a los bienes o al bienestar de los súbditos de su Majestad... no pueden decidirse por la razón natural sino por la razón artificial y el juicio de la ley, la cual es un arte que requiere largo estudio y experiencia, antes que un individuo pueda llegar a conocerla a fondo”. (Felipe Tena Ramírez, Derecho Constitucional Mexicano, Editorial Porrúa, 1996, página 214).


Enrique Arrieta Silva
Ensayista y narrador.
Estudió derecho en la Universidad Juárez del Estado de Durango y obtuvo el doctorado en la UNAM. Director técnico y fundador de la Revista de la Facultad de Derecho y de la Revista del Supremo Tribunal de Justicia.

Publicación: El Siglo de Durango
30 de septiembre de 2003

24/9/03

Libertad Digital (España)

Jurados, jueces, prejuicios y juicios paralelos

Libertad Digital.es
 
Extractos:
 
Las pruebas de ADN y la confesión de Tony Alexander King han permitido corroborar lo que, desde el principio, ya advirtieron numerosos profesionales de la justicia y en su día denunciaron reputados columnistas: que en el proceso por el que se condenó a Dolores Vázquez por el asesinato de Rocío Wanninkhof se descuidó la más fundamental de las garantías procesales recogida expresamente en la Constitución; esto es, la presunción de inocencia.

Suele decirse que el juez profesional busca la justicia y que el jurado busca un culpable. En esta ocasión, los jurados y el fiscal no estuvieron a la altura de la grave responsabilidad que tenían entre manos. El fiscal se dedicó descalificar a la acusada por su “mal carácter” y por su condición de “gallega”; y, a falta de pruebas concluyentes, basó su interrogatorio en los pormenores de la relación sexual de Vázquez con la madre de la víctima, para “calentar” el ambiente.

Los miembros del jurado, además, ya estaban suficientemente “concienciados”. En primer lugar, por el mantenimiento en prisión provisional de la acusada, que probablemente les produjo la impresión de que los profesionales de la justicia ya habían emitido su veredicto. En segundo lugar, por cierta prensa visceral –unas veces, del corazón; otras, del hígado; y las más, de las gónadas– que ya juzgó y condenó a Dolores Vázquez varios meses antes del juicio aireando constantemente declaraciones de Alicia Hornos, la madre de Rocío Wanninkhof, quien llegó a hacer apología del linchamiento diciendo que, si liberaban a su ex compañera sentimental, la mataría a mordiscos o la apedrearía en compañía de otras madres. En tercer lugar, naturalmente, por la presión social. Y en último lugar, quizá, por sus propios prejuicios homófobos en contra de Dolores Vázquez, sabiamente explotados por el fiscal, el actor de este drama que mejor supo “adaptarse” a las características de un juicio con jurado.

Así lo creyó el TSJ de Andalucía y lo confirmó después el Tribunal Supremo, que había fijado como fecha para la repetición del juicio el próximo 14 de octubre antes de que se descubriera que fue King quien asesinó a Sonia Caravantes y a Rocío Wanninkhof. Quizá también pesaron en el ánimo del juez de la Audiencia Provincial de Málaga tanto la presión social como el arriesgarse a soportar críticas –del PSOE, que amenazó con no firmar el Pacto por la Justicia que acaba de abandonar si se removía una sola coma de la Ley del Jurado– por enmendar la “voluntad popular”.

Así, la experiencia de este caso, junto a la del asesino del ertzaina, pone en tela de juicio una vez más la institución del jurado. Salvo Jueces por la Democracia –la asociación a la que pertenecía Belloch, impulsor de la Ley del Jurado–, la mayoría de los jueces y de los juristas está en contra de una institución con nula tradición en nuestro país, donde los juicios paralelos y los linchamientos mediáticos son, por desgracia, moneda corriente.
 
Mejor sería olvidarse del “invento” del jurado y dejar a los profesionales del derecho ocuparse de dirimir la inocencia o la culpabilidad de los reos. En primer lugar, por su experiencia, y en segundo lugar, por el aprecio una profesión que tiene como lema el preferir que un delincuente ande suelto antes que un culpable pague por el crimen que no ha cometido.

Enlace: Versión On Line
 
Libertad Digital
España
24 de septiembre de 2003

10/8/03

Dra. María Asunción Moreno (Nicaragua)

Desaparecer los jurados

Dra. María Asunción Moreno

Extractos:

La jurista María Asunción Moreno, directora general de Postgrados y Maestrías de la Facultad de Ciencias Jurídicas de la Universidad Centroamericana (UCA), es del criterio que la figura del jurado debe desaparecer. 

Moreno se declara abiertamente anti-jurado bajo el argumento de que es una institución “viciada, sensible y fácilmente manipulable”.

“No comparto la participación del ciudadano en la administración de justicia, porque cuando se juzga a una persona, todo penalista sabe que lo hace en base a la ley y ciertas reglas que establece el procedimiento, y esto no lo conoce el jurado. ¿Cómo valorar una prueba?, (el jurado) no sabe cómo hacerlo”, expresó Moreno.


La catedrática critica fuertemente el hecho de que la ley le exige al abogado (acusador y defensor), tomar en cuenta normas técnicas y requisitos legales “para armar un procedimiento”; mientras que al jurado le dicen que se olvide de todo ese trabajo legal y de lo que dice la ley, y dejan que los miembros del jurado decidan conforme “a su conciencia”.

“La conciencia, por los resultados que tenemos, ya sabemos que es bastante manipulable y sensible, de tal forma que (el jurado de conciencia) rompe con el esquema de la legalidad”, opina.

Para Moreno, la figura del jurado de conciencia es una de las instituciones “que contribuyen a que la imagen de la justicia no sea tan buena”.

Para Moreno este sistema es tan vulnerable que con el Código de Instrucción Criminal (In), recuerda que un vecino suyo fue electo miembro de jurado tres veces en una misma semana, lo que la hace dudar de la efectividad de la elección de los jurados.

“Yo le llamaba el jurado profesional. ¿Cómo salía (electo)?, no sé. Tenía mucha suerte o el sistema estaba malo. Se ganó 100 pesitos en cada uno”, expresó.


Dra. María Asunción Moreno
Directora de Posgrados y Maestrías de la Facultad de ciencias jurídicas de la UCA (Universidad Centro Americana)

Diario La Prensa de Nicaragua
Desaparecer los jurados
10 de agosto de 2003

30/7/03

Dra. Alejandra G. Belmartino (Argentina)

Jurados, no
 
 Carta de Lectores:
 
Sr. Director:
 
Disiento con el doctor Wortman Jofre. El juicio por jurados requiere un nivel cultural y una formación cívica media, de los que indudablemente carecemos. En las presentes circunstancias se convertiría en un elemento más de la corruptela generalizada.
 
No parece ser la institución adecuada para pueblos cuyos gobernantes han vulnerado la garantía de propiedad y cuyo Poder Judicial, en muchos casos, deniega la vía excepcional (amparo) frente a la excepcionalidad del desapoderamiento sufrido por los particulares.
 
 
Dra. Alejandra G. Beimartino
Abogada
DNI 6.719.258
 
Nota de Lectores
Diario La Nación
Buenos Aires - Argentina
30 de julio de 2003

9/5/03

Dr. Sergio Cuarezma (Nicaragua)

Esa figura debe desaparecer

Dr. Sergio Cuarezma

Extractos:

Dejar en manos de un jurado de conciencia la decisión de quién es o no culpable, es calificada como una grave contradicción, tomando en cuenta que su veredicto no está sujeto a las evidencias que dentro de un proceso judicial son aportadas, en consecuencia esa figura debe desaparecer, a juicio del catedrático de Derecho Penal y Criminología, Sergio Cuarezma.

Es una labor seria y delicada, similar a la operación que hace un cardiólogo, no la puede hacer cualquier médico, mucho menos una persona que no lo sea. La persona tiene derecho a una justicia de calidad, impartida por un juez, no a una justicia de ‘sorteo’, como la lotería, que el jurado imparte.

Además de no valorar los medios de prueba, generalmente los veredictos son emotivos, responden a la afectividad o sentimientos sociales, políticos y culturales de cada miembro.

Enlace: Versión On Line

Dr. Sergio Cuarezma
Catedrático de Derecho Penal y Criminología
Nicaragua

Publicación: La Prensa - Nicaragua
Por: Mirna Velásquez, Luis Felipe Palacios y Ary Neil Pantoja
9 de mayo de 2003

11/3/02

José Joaquín Quadra Cardenal (Nicaragua)

El controversial tema del juicio por jurado

José Joaquín Quadra Cardenal
Historiador nicaragüense

Extractos:

Hace años me correspondía como una obligación ciudadana integrar la lista de jurados en la ciudad de Granada, varias veces tuve que actuar como jurado y creo que casi siempre impresionaban más las exposiciones a veces dramatizadas de los abogados, defensor o acusador, que los aspectos legales que contenían los expedientes.


Enlace: Versión On Line

Don José Joaquín Quadra Cardenal
Historiador

La Prensa - El diario de los Nicaragüenses
11 de marzo de 2002

9/9/01

Dr. Alfredo Chirino Sánchez (Costa Rica)

Los jurados son maleables

Dr. Alfredo Chirino Sánchez

Extractos:

El director de la Escuela Judicial de Costa Rica, Alfredo Chirino Sánchez, se mostró contrario a la existencia de la institución en su país, por considerar que los jurados de conciencia son “extremadamente maleables”.

La experiencia por parte de los costarricenses acerca de la institución del jurado de conciencia no puede ser más que “reservada”, dijo el abogado.

Hace más de medio siglo que Costa Rica abolió la institución.

De acuerdo con el jurisconsulto, los costarricenses le tienen una “tremenda desconfianza a los jurados de conciencia”.

Cuando la institución existía en Costa Rica, se percibía como “maleable, extremadamente influenciable” por parte de los abogados y de aquellos que hacían uso de esa institución; y digo que hacían uso, porque, efectivamente, los jurados de conciencia les servían precisamente a los abogados litigantes especialmente intuitivos, indicó el director de la Escuela Judicial del país vecino.

“Debido a esa capacidad influenciable que tenían los jurados, fue que decidimos acabar con ellos”, agregó.

De acuerdo con Chirino Sánchez, si en estos momentos se hiciera un referendo para decidir si se pone en vigencia el jurado en su país, la mayor parte de la gente votaría en contra de su restablecimiento.

Enlace: Versión On Line

Jurados de conciencia, ¿un mal necesario?
Por NUBIA APARICIO S.

La Prensa de Panamá
9 de septiembre de 2001

9/6/99

Dr. Zakaria Erzinglioglu (Reino Unido)

Los jurados son muy a menudo incapaces de comprender las pruebas

Dr. Zakaria Erzinglioglu

Extractos:

Mi propia experiencia con los tribunales me lleva a creer que el sistema de jurados no es tan deseable como se afirma que es. Legalmente, no es posible pedir a un miembro del jurado cómo llegó a su veredicto. Por lo tanto, no se puede saber cómo estas decisiones se han tomando.

Me parece que ésta es una debilidad inherente al sistema que casi nunca se destaca. No puede ser una buena cosa no saber cómo se llega a una decisión pública, especialmente sabiendo que los jurados pueden incluir personas prejuiciosas, ignorantes y estúpidas, aunque esto no sea la norma. La cuestión ni siquiera gira en torno a si los jurados se componen o no de estas personas, sino con qué frecuencia lo hacen. Es evidente que no es posible responder a esta pregunta. El misterio sobre este asunto me parece ser un argumento en contra de los jurados.

En general, me parece que el juicio por jurados no está a la altura de su exaltada reputación, en parte debido a la debilidad fundamental de un sistema que designa a las personas de desconocido nivel intelectual y moral y en parte por la forma en que los manipulan  los abogados y los jueces. Sin duda, es mi impresión de que los abogados, jueces y agentes de policía suelen tener poco respeto por los jurados.

Un incidente de mi experiencia me reveló la verdadera opinión que los jueces tienen sobre los jurados. Fue un caso de asesinato. Algún tiempo antes de que comenzara el juicio, fui entrevistado por un reportero acerca de mis puntos de vista sobre el estado de la ciencia forense en Gran Bretaña. Le expresé mi opinión de que muchos practicantes forenses eran incompetentes o corruptos pero, por supuesto, no mencioné ninguna persona ni casos específicos. La entrevista se refería a los principios generales y era del tipo que yo había dado en ocasiones anteriores. El artículo fue publicado en el periódico el día antes en que debía declarar en el juicio. Debo mencionar que no tenía ni idea de cuándo el artículo se iba a publicar, ni sabía cuándo iba a ser llamado a declarar.

Cuando llego a la corte, se me informó de que un problema pequeño se había planteado y se me pidió que esperara en el pasillo. Para no hacer el cuento largo, el juez, bajo la presión del abogado defensor, decidió abortar el proceso y aplazarlo por seis meses, ya que consideró que el artículo había perjudicado al jurado. El abogado defensor afirmó que los miembros del jurado que pudieran haber leído el artículo, estarían más dispuestos a creerme más que al asesor de la Defensa.

Con el fin de tratar de extraer algún tipo de explicación para lo que ocurrió, me decidí a escribir al juez. El siguiente es un extracto de la carta muy larga que le envié: "El artículo no es evidencia en este juicio. El tribunal, sin embargo, consideró que podría perjudicar al jurado. ¿Esto debe tomarse como una indicación de que el tribunal no cree que el jurado tiene la capacidad de distinguir entre lo que es evidencia y lo que no lo es?


La cancelación del juicio indicó que el tribunal no creyó que el jurado estuviera en condiciones de hacer la distinción. Sin embargo, estas fueron las mismas personas que fueron designados para decidir si un hombre acusado de asesinato era culpable o inocente.


A un grupo de personas al que se puede confiar decidir el futuro de un hombre, seguramente debería considerarse lo suficientemente inteligente para distinguir entre lo importante y lo que no importa. El hecho de que el juicio fue abortado indica que ni los abogados ni el juez tenía un gran respeto por la inteligencia de los miembros del jurado. El juez no respondió a mi carta. Recibí una respuesta de un funcionario, quien dijo que "no era la práctica" que los jueces entren en correspondencia sobre estas cuestiones.

Mis propias observaciones de los jurados me ha convencido de que no son a menudo aptos para la tarea que se les encomienda. No digo que los jurados son siempre incapaces de comprender las pruebas y de considerar su significado, sino simplemente que son demasiado a menudo aparentemente incapaces de hacerlo.

¿Por qué digo esto? ¿Qué pruebas tengo para hacer tal afirmación, ya que no es posible interrogar a los jurados cómo llegaron a sus conclusiones? La respuesta es que he conocido a los jurados que han llegado a veredictos que son claramente irracionales.


La capacidad de comprender y evaluar la evidencia no es un atributo común, y esta afirmación no debe tomarse como un comentario despectivo. La capacidad de evaluar correctamente la evidencia se adquiere en el transcurso de muchos años de entrenamiento y pensando en todo tipo de problemas prácticos. Incluso los abogados, científicos, historiadores y otros, cuyo trabajo diario consiste en la valoración de la prueba, a menudo no lo hacen bien. ¡Cuánto más improbable es que tengan éxito los miembros del jurado no capacitados!

Como hemos visto, a la mayoría de los profesionales (excepto, quizás, los jubilados) se los ha excusado de integrar los jurados. Sin ánimo de causar cualquier ofensa a los que se dedican a otras ocupaciones, el hecho es que la mayoría de los miembros del jurado simplemente no están capacitados para hacer frente a las exigencias de un juicio en la corte.

El asunto no es sólo de interés académico, he conocido varios casos de errores judiciales que fueron causadas por un jurado que emite un veredicto irracional. Sin embargo, el recurso contra una sentencia no puede hacerse sobre la base de que el jurado fue incapaz. Estoy de acuerdo con el Ministro del Interior en que es hora de que el sistema de jurados sea examinado muy de cerca.


Enlace: Versión On Line

El Dr. Zakaria Erzinglioglu ha practicado la ciencia forense y dado prueba en los tribunales por un período de más de veinte años.

25/5/98

Dr. Eladio Escusol Barra (España)

Juzgar es muy difícil

Dr. Eladio Escusol Barra
Magistrado del Tribunal Supremo español

Extractos:

Me preocupa mucho la función de los jurados, a quienes la ley integra en el ámbito de la jurisdicción, sencillamente por esto: porque juzgar es muy difícil. Juzgar exige sabiduría y equilibrio. Juzgar exige mucha prudencia en la toma de decisiones judiciales, a la vez que firmeza, objetividad e independencia.

Dr. Eladio Escusol Barra
Natural de Alarba, lugar donde nació en 1933. Se formó en Calatayud y en el Instituto Goya, antes de estudiar en la Universidad de Zaragoza y doctorarse en Derecho Administrativo en Barcelona, donde compaginó su carrera de fiscal y de profesor universitario. Llegó al Supremo, donde ocupa la plaza de Magistrado de la Sala Tercera de lo Contencioso Administrativo, en 1991 por el turno de jurista de reconocido prestigio. Anteriormente ocupó la plaza de fiscal jefe de Las Palmas y, posteriormente, las fiscal del Tribunal Supremo y fiscal jefe de la Audiencia Nacional.

El juicio por jurados en la proyectada reforma del Sistema Judicial Penal Argentino
Abogados On Line
22 de julio de 2011

Citado por el Dr. Jorge Kent
El juicio por jurados ¿Un progreso o un tropiezo en el diferido mejoramiento de la administración de justicia?, publ. en La Ley, T. 1998, D, p. 987.
25 de mayo de 1998

9/5/98

Dr. Augusto César Belluscio (Argentina)

Existe la posibilidad de que juzguen los medios 

Dr. Augusto C. Belluscio
Ex Ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación
República Argentina

Extractos:

En coincidencia con el lanzamiento del sistema de juicios por jurado, estuvo en Córdoba el ministro de la Corte Suprema de Justicia, Augusto Belluscio, quien declaró no compartirlo.

Belluscio consideró que no existen buenos antecedentes en el mundo. "En la justicia norteamericana los juicios por jurados son deficientes. Se presta mucho a la influencia de los medios de comunicación", a lo que agregó: "Existe la posibilidad de que en vez de juzgar los jueces, juzguen los medios".

Consideró que "no es tan grave la solución cordobesa, que es la solución europea, donde se integran con dos jurados populares y tres jueces de derecho" .

De todos modos, fue muy gráfico al explicitar su posición: "A los que defiendan los juicios por jurados yo les pregunto: si tuvieran que operarse de apendicitis, ¿se harían operar por un cirujano o por un jurado?".

Dr. Augusto Belluscio
Ex. Juez de la Corte Suprema de Justicia de la Nación

Diario La Nación
9 de Mayo de 1998

1/12/97

Dr. Eduardo Hortel (Argentina)

El sistema de juicio por jurados es perverso
 
Dr. Eduardo Hortel
 
Extractos:
 
El sistema de juicio por jurados es perverso. Al no haber fundamentos de la sentencia, es imposible acreditar si se cumplieron los principios fundamentales del derecho. Como no se funda, no se sabe si el jurado tomó en cuenta que la duda beneficia al imputado, ni si cumplieron las indicaciones que da el juez para que lleguen a una decisión. ¿Cómo sabemos si cumplieron con todo eso si sólo dicen inocente o culpable sin explicar por qué?

Un caso típico de la falla del sistema estadounidense fue el juicio a O. J. Simpson, acusado por el homicidio de su esposa, que fue absuelto en el juicio penal pero condenado en el civil.

Los que forman la opinión de la gente son los medios de comunicación y entonces la gente ya va a juzgar a un autor o a un inocente de un delito, y no a un simple imputado.
 
Que el sistema actual esté desacreditado no significa recurrir a la pena de muerte o a los jurados populares, porque esto no va a mejorar la situación. Lo más importante que hay que hacer ahora es nombrar en el sistema judicial sólo a los más honestos y capaces. Este es el primer paso.

Es cierto que el juicio por jurados está previsto en la Constitución, pero si nunca se aplicó durante más de 100 años se lo podría considerar como prescripto. Además, la Constitución también dice que el nuestro es un sistema representativo: y si el pueblo es representado por el presidente y los legisladores, ¿por qué no va a ser representado por los jueces?
 
 
Dr. Eduardo Hortel
Camarista platense Eduardo Hortel, profesor de Derecho Procesal en la Universidad de La Plata, comentarista del Código Procesal Penal nacional y uno de los redactores de la flamante reforma al Código de Procedimientos bonaerense.
 
Diario Clarín
Nota de Héctor Gambini
1 de diciembre de 1997

27/9/96

Adrián Ventura (Argentina)

El debate que se viene: juicios por jurado

Adrián Ventura
Periodista Diario La Nación

Extractos:

En ocasiones, los jurados, integrados por personas legas ―no por abogados―, por su escaso nivel cultural o por la falta de conocimientos técnicos (idoneidad) que guíen el pensamiento, se dejan llevar más por las emociones que por el razonamiento y que sus conclusiones no tengan sustento lógico.

Los jurados se dejan influir por las necesidades sociales más graves, por ejemplo, por el odio o el deseo de venganza.

Enlace: Versión On Line

El debate que viene: juicios por jurados
Por Adrián Ventura

Diario La Nación
27 de septiembre de 1996

29/10/95

Arturo Pérez-Reverte (España)

No quiero ser jurado
 
Arturo Pérez-Reverte
Talentoso escritor español
 
Extractos:
 
Discúlpame, Celedonio, pero ni hasta arriba de jumilla. Alegaré objeción de conciencia, insumisión o lo que haga falta. Pagaré la multa correspondiente si tengo viruta; y si no, iré al talego. Eso, salvo que decida echarme al monte con una escopeta del doce y una canana de postas, que también puede ser. Pero puedo asegurarte que el arriba firmante nunca estará en el jurado que te juzgue, aunque salga mi nombre en esa bonoloto judicial que se avecina. Te lo juro por mis muertos más frescos.

[...]


Imagínate el panorama; tú, Celedonio Sánchez Machuca, te levantas mañana con los cables cruzados y le das matarile con un hacha a tu foca, a tu suegra, a tres vecinos y a un cobrador de la ORA que pasaba por la calle, y luego vas y te fumas un puro.

La justicia procede con su celeridad habitual, y para cuando por fin llega el juicio, tu caso ha sido ya juzgado, condenado y/o absuelto doscientas veces en los diversos medios de comunicación, radios, periódicos y televisiones varias. Nieves Herrero, San Lobatón, Isabel Gemio, las Virtudes, Farmacia de Guardia, Al Filo de lo Imposible, amén de todos los telediarios y los informativos locales por cable, han sacado a tus vecinos diciendo que a Celedonio se le veía venir y que la culpa la tiene el PSOE.

Por su parte, las tertulias radiofónicas habrán analizado profunda y pormenorizadamente tus mecanismos psicológicos presuntos, emitiendo inapelable veredicto los sociólogos habituales, los eximios juristas de plantilla y el Pato Lucas. Incluso las implicaciones políticas (el vigilante de la ORA estaba sindicado en CCOO), étnicas (tu suegra era de Oyarzun) y lingüísticas (un vecino se llamaba Jordi) habrán sido planteadas con el rigor habitual en estos casos.

Y por supuesto, el jurado no tendrá necesidad de la vista oral para enterarse de los hechos, pues todas las diligencias y declaraciones de los testigos habrán sido previamente publicadas en los periódicos pese al secreto del sumario, filtradas por tu abogado, por la acusación particular, por el secretario del juzgado o por la madre que te parió. Con lo que convendrás conmigo, Celedonio, el trabajo del jurado —el juicio, incluso— se simplifica un huevo.

Mas no para ahí la cosa. En cuanto a las pruebas periciales, por ejemplo, y para mostrar su eficacia, la Policía habrá difundido en rueda de prensa cómo recurrió a técnicas alemanas para probar tu autoría evaluando el grado de afilamiento, o como se diga, del hacha; de modo que la próxima vez descartas el hacha y te cargas a la prójima con el rodillo de amasar, que es menos evaluable.

A todo eso añádele cámaras de televisión retransmitiendo el juicio en directo, tu careto en Lo que necesitas es Amor, el telediario, los nombres, apellidos y domicilios de los jurados publicándose en la prensa, los flashes de las fotos, el mogollón de periodistas a cada entrada y salida. Y las declaraciones de cada jurado pormenorizando qué es lo que votan los otros once, en este país donde la justicia se ha convertido en un cachondeo moruno, en un descontrol informativo, radiofónico y audiovisual con más agujeros que la ventana de un bosnio.

Así que lo siento, Celedonio, pero no cuentes conmigo. Me declaro objetor de conciencia judicial para los restos. Y que te sea leve.

Enlace: Versión On Line
 
Arturo Pérez-Reverte
Escritor y periodista español, miembro de la Real Academia Española desde 2003
 
El Semanal
29 de octubre de 1995