27/2/12

Dra. Alejandra Berenguer (Argentina)

No es el tiempo

Dra. Alejandra Berenguer

Extractos:
 
El juicio por jurados podría encontrarse con trabas en su implementación porque “Río Negro no está preparada por su idiosincrasia, hay comunidades muy pequeñas y difícilmente creo que podamos proteger a los testigos”.
 
En el transcurso de los años se podría impulsar, pero “por ahora, no es el tiempo. Se necesita un proceso de enseñanza de la población, la gente tiene una idea equivocada; no estamos maduros”.

Enlace: Versión On Line

La Mañana de Cipolletti
27 de febrero de 2012

9/2/12

Eduardo Rodrigálvarez (España)

Jurados impopulares

Eduardo Rodrígálvarez
Periodista español

Extractos:

Hay cosas de la Administración que no entenderé nunca. Deben ser las contradicciones del sistema que se decía en los tiempos de Lenin. Parece que estamos todos de acuerdo —aunque ninguno lo cumplamos— en que la automedicación es mala consejera y peor solución. Que una cosa son los remedios de la abuela y otra muy distinta la administración de antibióticos o sustancias farmacéuticas. Que eso corresponde a los médicos, que para eso han estudiado una carrera, han sido MIR, han puesto una consulta privada y han metido más horas que un comercial a comisión. Del mismo modo, a nadie en su sano juicio se le ocurriría incluir a una comisión ciudadana en el Departamento de Oncología de cualquier hospital para decidir qué tratamiento seguir con este o aquel paciente. Asambleas, las justas.

Tampoco se me ocurre pensar que la asamblea de padres de un colegio se ponga por montera la libertad de cátedra y decida el contenido del plan de estudios, o que sean ellos los que establezcan los turnos y los horarios de los profesores.

Por eso jamás he estado de acuerdo con los jurados populares, que tanto juego dieron en el cine americano y parecieron en un momento de la joven democracia española un acto de progresismo sin parangón. No, absolutamente no. Los ciudadanos no tenemos la obligación de juzgar a nuestros conciudadanos. Para eso inventamos la Administración de justicia y preparamos a los expertos que deben aplicar la ley que se aprueba en los Parlamentos, como inventamos la sanidad para que la apliquen los médicos e investigadores, o el sistema educativo para que lo ejerciten los educadores.

No. Yo no me siento capacitado para juzgar a nadie, ni aunque le hayan encontrado con las manos en la masa y se declare culpable, que cosas más raras han pasado cuando lo que parecía blanco era negro y viceversa. No, no estoy pensado en Camps, aunque lo parezca. Estoy pensando en que, si no es bueno que nos automediquemos antibióticos, no es bueno que nos autoadministremos justicia. El jurado popular no implica a los ciudadanos en la justicia, sino que los complica en la justicia y, por lo tanto, deviene la justicia en una suerte incalculable.

Bastante es que se sepa que en función de qué juez te toque puedes tener una sentencia favorable o contraria por el mismo caso como para que tu suerte dependa de unos ciudadanos que jamás se vieron en una igual y probablemente jamás se vuelvan a ver en otra. Definitivamente, no. El jurado popular es lo más antipopular que existe. ¿Cuántas sentencias de los jurados populares hubieran variado sin los jurados populares? Ya, ya sé que hay factores correctores para casos extremos. Pero yo prefiero que me juzgue un juez que no mis vecinos. Salvo que sea Calamita. O el Supremo.


Eduardo Rodrigálvarez
Periodista español

El País
9 de febrero de 2012

Juan Ramón Doral Fábregas (España)

No puedo estar más en desacuerdo con los jurados populares
 
Juan Ramón Doral Fábregas - España
 
Extractos:
 
No puedo estar más en desacuerdo con los Jurados Populares. Me parece una aberración. Sí, yo también he crecido con las pelis americanas de juicios muy intrigantes y conmovedoras, pero precisamente por eso me doy cuenta de que nada más alejado de un juicio justo que poner a personas como tú o como yo, sin preparación legal ninguna, a tomar decisiones sobre la vida de otros, siendo totalmente influenciables por el aspecto, antecedentes, tendencias políticas, imagen en medios, etc. del acusado. Yo, desde luego, no podría enviar a alguien a la cárcel sin estar absolutamente seguro de que es culpable de lo que se le acusa.

No me gustaría contar con un equipo de cirujanos populares si me tengo que operar, ni quiero que mi coche lo arreglen mecánicos populares. Confundimos la democracia con demagogia: cada uno debe hacer aquello para lo que está preparado, pero no poner la vida de otros en manos de personas sin cualificación (entre las que me incluyo). Bastante tenemos con la clase política que nos gobierna (unos y otros); intentemos que el resto del trabajo sea realizado por personas cualificadas.
 
 
Juan Ramón Doral Fábregas - España (Madrid)
Blog "Hablando de lo que NO entiendo"
Garzón y Gurtel, Justicia y jurado popular
9 de febrero de 2012

6/2/12

Paco Mariscal (España)

El jurado de Valencia

Paco Mariscal
Periodista (El País)
Valencia - España

Extractos:

Fue casi una casualidad. Coincidiendo en el tiempo con los días en que el Jurado del proceso de Valencia deliberaba antes de emitir su veredicto, emitían algunas cadenas de televisión centroeuropeas la película "Die Geschworene", "La Jurado" en romance paladino. La ficción fílmica y la historia real de los hechos son coincidentes en el conocido en Austria como Proceso Foco. Y los sucesos fueron los siguientes: Tibor Foco, propietario de un burdel y con cara angelical, es acusado el 1987 del asesinato de una prostituta en Linz; un jurado popular dictamina que es culpable y lo condena a cadena perpetua; poco después, el jurado se da cuenta de que se equivocó e intenta rectificar para revocar su veredicto. En la película se pone de relieve el hecho de que fueran los propios miembros del jurado quienes, tras el veredicto, se dieron cuenta de su equivocación al declarar culpable a un inocente en el caso. Y eso sucedió porque los miembros de un jurado popular no suelen ser, por lo general, ciudadanos empapados en leyes, defensas, pruebas, acusaciones y delitos.

Quien sí sabe de leyes y de procesos con jurado popular es la austriaca Katharina Rueprecht, quien en libros y artículos, ha puesto en tela de juicio la participación del jurado popular en los juicios, al menos la participación tal y como hemos visto en el proceso de confección valenciano. La jurista de la república alpina expone en sus escritos sobre el tema no pocos casos en que la ley del encaje cervantina, la arbitrariedad, o el esperpento legal estuvieron presentes en determinados veredictos de jurados populares a lo largo y ancho del llamado mundo occidental y civilizado: en Louisville, en el estado americano de Kentucky, una moneda a cara o cruz declara a un acusado culpable para un jurado empatado a votos; en Illinois, también en los EEUU, el gobernador George Ryan revocó 140 penas de muerte, porque los dictámenes de los jurados populares rebosaban huecos y faltas; revueltas populares, incendios de palacios de justicia y violencias callejeras fueron los sucedáneos trágicos del veredicto del jurado en el llamado proceso de Schattendorf, donde el radicalismo de extrema derecha había disparado contra dos trabajadores y un menor y el jurado declaró inocente a los acusados. Y los veredictos erróneos y los dictámenes disparatados continúan, según la Rueprecht, quien aboga y defiende los llamados tribunales mixtos, formados por ciudadanos y por juristas expertos, encargados estos últimos de justificar tanto un veredicto de inocencia como de culpabilidad. Y eso, quiérase o no, ha faltado en Valencia.

En Valencia y en el siglo XXI tiene validez todavía cuanto, en el siglo XVII, afirmaba el máximo representante de la Justicia inglesa Lord Mansfield: “Los miembros del jurado pueden guiarse por los prejuicios de sus afectos o pasiones; eso es algo que está en manos de Dios y de su propia conciencia”. Lo que no deja de ser es un arcaísmo en estos tiempos tan modernos, tan trajeados, y tan faltos de racionalismo jurídico.


Paco Mariscal
Periodista

El País
6 de febrero de 2012